jueves, 22 de noviembre de 2012

Historias de hotel: Hotel Formentor


Las aguas cálidas del mar Mediterráneo mecen suavemente la mente de quien, con atención, las observa, induciéndote un estado de hipnosis, a medio camino entre el Paraíso y la Tierra. Casi puedes sentir como la brisa que acaricia tu piel trae sonidos lejanos, como ecos de vidas entrelazadas que son devueltos al presente de manera que el pasado vuelve a nosotros.

Posiblemente esa sensación de calma, quietud, paz y tranquila felicidad fue lo que atrajo a Adán Diehl, argentino de ascendencia alemana, de la porción de tierra conocida como Formentor, en la cual era su sueño construir un particular templo a las artes, un lugar de reunión para amigos, creadores, artistas y personalidades de todo el mundo.

El soñador Diehl tenía la utópica visión de construir un hotel para invierno y otro para verano, decidiéndose crear tan solo el primero en el momento inicial. La construcción fue complicada, con el transporte del material hecho en su totalidad por mar, ya que la carretera que se había proyectado no estaba terminada todavía.

La inauguración fue celebrada por todo lo alto el 24 de Agosto de 1929. Todo estaba como debía. Adán se había encargado de la construcción del hotel y su esposa de la elección de personal, vajilla y muebles. No había nada fuera de lugar. Los invitados fueron llegando poco a poco por mar.

Y por mar llegaron las malas noticias. El crack del 29 extendió sus efectos a todo el mundo y en 1934, la banca argentina canceló los créditos dados a Diehl, al igual que la banca en Mallorca. Se vió obligado a cerrar. Retornaron él y su esposa a Barcelona gracias al dinero de uno de los trabajadores. Al otro lado del Atlántico, su esposa trabajó como diseñadora, y él, a pesar de conseguir un nuevo trabajo, nunca volvió a ser el mismo, hasta el punto de llegar a suicidarse. El sueño de su vida, en el que había invertido ilusión, tiempo y dinero, se había desmoronado, hundiéndose inexorablemente en el profundo azul.

Pero así como el tiempo da y quita razones, el mar roba cosas queridas y las devuelve. El grupo Barceló compró y recuperó el hotel, el cual se conserva hasta nuestros días, integrado en el paisaje.

Tal vez al mirar al mar de Formentor vuelvan a nosotros, resonando, las risas de aquellos primeros huéspedes. Tal vez, aún con casi un siglo de separación entre ambos, una pareja se declare su amor poniendo por testigo al ondulante mar. Tal vez esa calma y tranquilidad embriagadora, esa brisa marina que se enreda en el pelo y juega con tus sentidos, sea la misma, que una vez sintieron Adán y su esposa. Tal vez esas aguas cristalinas permanezcan inamovibles, mezclando pasado y presente, incitándonos a soñar con las maravillas que la mente del hombre puede crear, y cuya prueba está emplazada en ese enclave privilegiado de la naturaleza, a medio camino entre el Paraíso y la Tierra.

Historias de hotel: Hotel Meliá Don Pepe


Dicen que el fuego es el símbolo de la pasión, y que la pasión mueve al hombre a acometer los más grandes proyectos imaginados por un semejante. Quizá esa pasión fue la que inspiró a la mente de José Meliá cuando, teniendo frente a él los planos de lo que sería su nuevo hotel, decidió apostar por dar un paso adelante y construir un hotel de 5 estrellas, con todo lujo y modernidad y dirigido a la élite europea.

Situado en primera línea de playa se construyó bajo la dirección de Eleuterio P. Knappe, y durante cuarenta años estuvo dirigido por Francesco Alfonso Somoggi de Perlac, conocido popularmente como “Conde de Perlac”.

La noche del 24 de Diciembre de 1995, toda esa fastuosidad se vino abajo en apenas unos segundos, siendo sustituida por el terror de los huéspedes, cuando se detectó un incendio en la planta baja del edificio, destrozándola por completo. No hubo que lamentar la pérdida de ninguna vida, y si bien varios de los clientes fueron atendidos por síntomas de asfixia, fue la situación de nerviosismo colectivo la que se llevó la mayor parte de las intervenciones de los equipos médicos.

Tras su vuelta a la normalidad, entre el año 2003 y 2005, el hotel fue sometido a una remodelación plena, continuando con el objetivo de su creador de ser un hotel de lujo y moderno, referente y modelo a seguir para otros hoteles.

Historias de hoteles: Hotel Negresco



Cae la tarde en Niza. El sol comienza a esconderse, tiñendo el cielo de diversas tonalidades de naranja. Es en ese momento, en el que el astro rey se oculta tras el horizonte, cuando el Hotel Negresco comienza a refulgir en la oscuridad de la noche que se avecina, reclamando la atención que merece por parte de los viandantes que aprovechan las últimas horas de luz en El paseo de los Ingleses.

Su silueta evoca el encanto de la “Belle Epoque”, momento en el que fue construido por Édouard Niemans. Este hotel de ensueño, fue erigido gracias a la visión de Henri Negresco, primer dueño del mismo y en honor al cual lleva su nombre. La historia de este rumano nacido en 1868 no es más fantasiosa que el hotel que llegó a construir tras sus esfuerzos.

Hijo de un posadero, a la edad de 15 años deja su país natal para dirigirse a Francia, donde trabajaría en París y Mónaco antes de asentarse en la Costa Azul, más concretamente en Niza, donde se convirtió en director del Casino Municipal, codeándose con las altas esferas de las finanzas y los negocios del momento: los Rockefeller y los Vanderbilt.

Fue allí donde se fraguó una idea, una fantasía que en 1912 se haría realidad. Un hotel de lujo, digno recipiente de las personalidades que en su interior se reunirían. Y lo consiguió.
Hasta nuestros días ha perdurado la parte material de la visión que un día tuvo Henri. A través de un siglo ha sido hospital de campaña durante la Primera Guerra Mundial, y hotel la mayor parte del tiempo, pasando por una etapa de ruina. Su resurgir fue de la mano de Jeanne Augier, en 1957, quien lo convirtió en el magnífico hotel y galería de arte que es hoy, siendo nombrado en 2003 Monumento Histórico.

Y como cada amanecer, el Hotel Negresco apagará sus luces, dejando de resplandecer bajo el manto nocturno, pero brillando con luz propia mientras la incipiente luz del día arranca destellos de sus muros, recordándonos que permanece allí, estático y estable, como la joya insigne de Niza.

sábado, 18 de agosto de 2012

No olvides tu nombre

Bueno... Esto es una historia que escribí para un concurso, el cual no gané, pero que me costó bastante hacerla. La pongo aquí porque me apetece, me gusta y creo que os gustará >.<


La historia no recuerda a los cobardes. Y si lo hace, es solo para exaltar las características positivas de los más valientes, los mejores… Incluso podría decirse que los que presentan una estupidez mayor en lugar de prudencia son más recordados. Pasa así con las historias de amor. En clase no se estudia el profundo amor que unía a Fernando VI y a Bárbara de Braganza, pero conocemos a la perfección la Guerra de Sucesión Española.

Quizá ese fue el motivo por el cual Eva nunca fue una apasionada de la historia. Le aburría sobremanera, a excepción de aquellas curiosidades que tan bien se le daba recordar. Le gustaba el arte. Le gustaba cantar. Le gustaba comerse un helado con los pies metidos en el Manzanares. Le gustaba… Antes de que su padre muriera, le encantaba hacer cualquier cosa que le hiciera sentirse viva. Ahora, camino a casa de su abuela en Galicia para recuperarse de una anorexia nerviosa diagnosticada un par de meses atrás, sentía como si todo aquello hubiera quedado tan alejado, de ella y de su realidad, que recordaba aquellas tardes de domingo como a través de un cristal translúcido.

El coche en el que iba, conducido por su madre, no paraba de dar tumbos por aquellas carreteras destartaladas del norte de España. Que lejos quedaba ya Madrid, tan contaminado, con sus bosques de edificios y gente sin cara con la que día a día se cruzaba. También habían dejado atrás el cielo azul y claro de Castilla, con aquel mar dorado que se extendía a ambos lados de la lengua de asfalto por la que el Clio azul de segunda mano circulaba con tranquilidad. Del oro a las esmeraldas, podría decirse, del otoño a una continua primavera. El viaje había sido largo, pero comenzaba a llegar a su fin. Las carreteras estrechas que discurrían hacia Costa da Morte iban volviéndose más y más conocidas para Eva.

Moura do Muiño era un pequeño pueblo cercano a Muxía, en el que el padre de la chica había pasado toda su vida, siendo incluso donde María había dado a luz a su única hija la cual ahora estaba mirando aquel conjunto de casas desde la parte trasera del coche. Realmente no quería salir de aquel refugio, no quería recordar los veranos que pasó allí, y mucho menos que la mirasen con desprecio por ver en lo que se había convertido. Lo único que la había convencido un mínimo para ir a aquel "pueblucho perdido en medio de la nada" como ella lo denominaba, era el hecho de que su abuela tenía ya 84 años, y por lo tanto, poco tiempo de vida. Tras unos instantes de indecisión, tomó aire y abrió la puerta del coche.

Todo el pueblo parecía allí congregado, ancianos, adultos y niños a la espera de volver a la nieta de una de las más queridas vecinas. Habían pasado 10 años desde que Eva había puesto por última vez un pie en Galicia, tiempo más que suficiente para cambiar, pero no tanto. No podía haber cambiado tanto, se decía Javier, quien la observaba con ojos atónitos. El pelo rubio ceniza, caía, lacio y sin vida a ambos lados de su cara demacrada. Su cuerpo, protegido por anchas ropa para tapar sus imaginarias imperfecciones era totalmente huesudo, sin las curvas propias de una adolescente… Lo único que se mantenía como antaño eran sus ojos, por los que había suspirado una vez y en el momento en el que se volvieron a cruzar aquel 6 de Junio de 2001 volvieron a reanimar ese amor de niñez.

Verdes, vibrantes, chispeantes, rebosantes de vida, así eran los ojos de Eva. Era lo único que parecía haber permanecido en ella. Su abuela Pepa, y su madre la guiaron hasta su casa. Conversaciones sin sentido comenzaron a llenar la estancia, que tal las notas, como le iba con sus amigas, todo por evitar sacar el tema de que con 18 años y 1.68 metros, pesaba apenas 45 kilos. Ella miraba apesadumbrada el plato de lentejas que tenía delante "¿Qué cantidad de calorías tendrá esto?" Muchas a buen seguro, se contestaba a si misma. No quería comer, no quería seguir engordando, no quería verse como aquellas mujeres enormes que se dedicaban a comer comida basura. Pero sabía que no la dejarían moverse de allí sin acabar aquella bomba de colesterol. Chorizo, verduras, grasa en general era lo que componía aquel plato infernal. Aquel que a cada cucharada que metía en la boca Eva le daban ganas de escupir y que al mismo tiempo quería comer, sin reconocerlo. Sabía que estaba enferma y sabía que tendría que curarse.

En cuanto terminó de comer, se bebió casi un litro de agua y decidió salir a dar una vuelta por los alrededores. Su madre se ofreció a acompañarla, pero Pepa la detuvo, con un brillo especial en sus ojos verdosos, pareciendo querer dejar a Eva sola a toda costa, como si su intuición, agudizada por el paso de los años, le dijera que así tenía que ser. El sol no la deslumbró al salir, pero si la abrumó el silencio, la tranquilidad, hacía demasiado tiempo que no se sentía en paz consigo misma. Ensimismada recorría aquellos senderos por los que tantas veces había pasado de niña, recordando cada juego, cada golpe al tropezar con una rama. Estaba a punto de dar media vuelta cuando vió algo que le llamó la atención. O más bien alguien. En su mente se dibujó la cara regordeta de un niño de cabellos oscuros y ojos marrones, sin nada destacable en él salvo la sonrisa que eclipsaba con su calidez al mismísimo sol. Con una sonrisa, se acercó a él con zancadas largas:

-¿Javier?- preguntó Eva con la voz suave, dulce y delicada que siempre la había caracterizado, ahora apenas con fuerza para elevarse sobre el sonido del hacha que empuñaba el chico para terminar de partir las ramas de un árbol caído. Levantó la vista de su trabajo en el que tan concentrado estaba y se encontró con la mirada verde de Eva a escasos centímetros de él. El sobresalto hizo que el chico casi se cayera hacia detrás. ¿Que hacía ella en aquel lugar? ¿Se acordaría que fue aquel el lugar donde…? No, esperaba que no.
"¿Se acordará Javi que aquí fue donde cuando éramos pequeños nos dimos nuestro primer beso? Espero que no, creo que si sacase a relucir el tema competiría con los tomates de lo roja que me pondría"

-Si, soy yo… ¿Y tú eras…? -preguntó haciéndose el interesante, algo de lo que se arrepintió en el momento en el que vió la decepción reflejada en los ojos de Eva, la cual se esfumó rápidamente siendo sustituida por una sonrisa pícara al contestarle "Comandante Estrella a sus órdenes, Capitán Solar". Sin poder contenerse se abrazaron, por todos aquellos momentos vividos juntos en la infancia. Fue a partir de aquel momento en el que se hicieron inseparables. Ella le acompañaba cuando iba a mariscar con su padre, y él la llevaba de excursión a conocer lugares. Así, en aquel 600 color amarillo limón, destartalado por completo fueron a conocer Santiago de Compostela y su catedral, A Coruña y su paseo marítimo, Lugo y sus murallas, las Fragas do Eume, los cañones del Sil, toda la Costa da Morte… Mientras descubrían los rincones más hermosos de Galicia, iban descubriéndose poco a poco a si mismos, hasta que lo inevitable sucedió.

Estaban tumbados en la playa aquel 31 de Agosto, el día anterior a que Eva volviera a Madrid, observando las estrellas de las que estaba plagado el firmamento gallego. Como pequeñas gotitas, se extendían por encima de las cabezas de ambos adolescentes, conformando un manto nocturno bajo el que estaba a punto de suceder lo que ambos llevaban anhelando todo el verano. Gracias a Javier, Eva había conseguido salir de su anorexia, y si bien seguía presentando una delgadez bastante alarmante, en aquellos casi tres meses había dejado atrás toda inseguridad referente a su físico, incluso comenzaba a tener algo de músculo gracias a las largas caminatas que daban ambos. Javier no pudo contenerse y tras una charla insulsa mirando el cielo se giró hacia ella:

-Estás preciosa cuando sonríes.-Aquel cumplido tan inesperado dejó a Eva fuera de combate. Sabía que a continuación debía responder de alguna manera, pero la tierra parecía ejercer sobre ella una gravedad mayor, era incapaz de moverse. Sentía el viento en su cara acariciándola con suavidad, cada grano de arena bajo su cuerpo y de pronto, los labios de Javi sobre los suyos. Mil sentimientos fueron los que se dijeron con un simple beso al que siguió otro, y otro más. Él le pidió que se quedara junto a él. Y ella lo hizo.

Permaneció a su lado cuando las manchas de marea negra comenzaron a asolar las costas gallegas, dejando a Javier sin trabajo. Ambos, con tan solo 19 años, fueron de los primeros voluntarios en ayudar a limpiar aquella parte de su vida y de Galicia. Permaneció a su lado un desalmado quemó el bosque cercano, por el que tantas veces habían paseado. Permaneció a su lado cuando murió su padre. Siempre estuvo allí junto a él. Fueron uña y carne, hasta que tres años después de su reencuentro contrajeron matrimonio en la pequeña iglesia de Moura do Muíño.

Todo era perfecto, ella cuidaba de la casa y él salía a faenar para pagar una vida sencilla y sin lujos que sin embargo a ambos llenaba. Estaban hechos el uno para el otro lo cual no tardó en hacerse patente. Una pequeña semilla comenzó a crecer en el seno de Eva, el primer hijo de ambos. La felicidad de la pareja no se podía describir con palabras y el amor que sentían en uno por el otro tampoco. Eran como dos ángeles con una sola ala, que en el momento en el que se reunieron habían empezado a volar.

Aquel día, cuatro meses después de la feliz noticia, Javier salió a recoger marisco. Poco a poco y sobre su cabeza comenzaron a aparecer nubarrones oscuros. Parecía que se avecinaba tormenta. Comenzaba a llover cuando encontró una colonia de percebes. Sabía que a Eva le encantaban, y aunque no se los hubiera pedido creyó que la haría muy feliz llevándole aquel regalo.

Pero Javier no regresó a casa. Las patrullas lo buscaron horas después de que Eva diera el aviso con la voz rota. Días después. Semanas después. Pero nunca apareció. Todas las noches Eva iba a la playa donde se quedaba observando al mar. Su barriga seguía creciendo con su hijo dentro. Imaginaba un pequeño niño igual que Javier, con aquellos hoyuelos que tanto le encantaban, y las lágrimas volvían a sus ojos.

El San Juan de aquel año, Eva parecía haber aprendido a convivir con el dolor, a aceptarlo como una parte de ella misma que sabía que nunca se iría. Volvía a sonreír, le cantaba a su bebé todavía en la barriga, volvía a tomar un café con las pocas mujeres jóvenes del pueblo… E incluso fue a aquella celebración. Su comportamiento no era adecuado, no, ni mucho menos. Cogía alcohol de los jóvenes y vaciaba vasos y vasos en cuestión de minutos. Todo por ahogar la pena, por acallar aquella tristeza que parecía haberle abierto un boquete en el pecho, allí donde antes se encontraba su corazón.

En un momento de distracción, comenzó a caminar hacia la orilla. Cerró los ojos mientras dos lágrimas caían por sus mejillas iluminadas por la luz de la luna. Con cada paso que daba hacia el mar, mas cerca se sentía de él. Susurraba su nombre al viento, pidiéndole que le devolviera a su único amor. Imploraba a aquellas aguas que le restituyera aquella parte de su alma que se había esfumado junto con el chico. Suplicaba a Dios que permitiera que volviera junto a ella. Rogaba a Galicia misma que llenara aquel vacio intenso. Y a cada paso que daba, sus plegarias parecían ser más desesperadas, más intensas si cabe.

Hasta que una ola la llevó consigo. En todo momento era consciente de lo que estaba haciendo. Rota de dolor, como una marioneta sin su dueño, se dejaba llevar por el oleaje. La fue acercando hacia unas rocas, mientras al mismo tiempo el agua entraba en sus pulmones. Le ardía el pecho, pero no era nada comparado con el dolor de su corazón.

Decidida a dejarse morir, casi deja pasar la oportunidad de agarrarse a una de las rocas, y salvarse así a ella misma y a su hijo. Casi. Cuando estaba dejando que las fuerzas la abandonasen, tocando por última vez la tierra firme, escuchó una voz femenina que provenía de una figura que estaba de pie, estática, estable, como un pilar al que agarrarse cuando todo lo demás parece perdido.

"Su piel era verde como los campos. Su pelo gris como el cielo de invierno. Sus ojos… Azules, verdes, grises, cambiantes, viejos y jóvenes, fuertes como el mar. Su voz era el eco de muchas otras que habían muerto por ella. Me guió por aquellas rocas. Me tranquilizó como solo una madre sabe hacer. Me tomó entre sus brazos y sonrió mientras me arrullaba con cantos tan antiguos como ella misma. Su corazón era de piedra, de muros infranqueables. Su alma del más puro cristal. A ella le debo la vida. Nací en ella, viví gracias a su bondad y cuando llegue el momento, retornaré a su seno. Nunca lo olvides, hija mía. Nunca olvides que llevas el nombre de una nación que ha sido oprimida, despreciada, traicionada, rota y todavía sigue viva. Nunca te olvides de que tu nombre es un recuerdo a una tierra de viudas de vivos y muertos, de paisajes inspiradores, una tierra rica, única, verde y gris que trajo al mundo poetas y escritores. Nunca te olvides de tu nombre, Galicia."

viernes, 17 de agosto de 2012

Deseos de cosas imposibles

Hoy, a las dos y siete minutos de la madrugada del día 18 de Agosto me ha dado por reflexionar acerca del amor y de la importancia que tiene para mi como ser humano que soy. Lo cierto es, para que negarlo, que he tenido varios novios, y el único al que quería realmente me dejó ¿Estaré destinada a que el amor me esquive como si me tratara de una mierda que nadie quiere pisar en la calle?

No lo creo... El problema está en que siendo esa mierda de la que nadie quiere saber nada, aspiro a mariposas en lugar de a moscas, que es lo que en mi posición merezco. Nací siendo inconformista. No quiero a un novio con el que besarme y terminar en la cama. Quiero un compañero, alguien con quien reir, llorar, discutir y a pesar de todo seguir siendo suya. No quiero querer a otros, solo a él. ¿Pero que pasará conmigo? Por mucho que lo intente un pez no puede estar con un ave. Yo no puedo estar con alguien guapo, genial, inteligente y que me trate bien sin resultar empalagoso.

Asi pues ¿Que es el amor para mi? Creo que todavía no tengo muy claro como definirlo. Es ese sentimiento que se instala en tu pecho,  que hace que cuando le ves tu corazón lata más rápido y más despacio al mismo tiempo, que hace que tu estómago se encoja en un intento por acallar los nervios, que consigue desvelarte por las noches y que consigue que con los simples versos de una canción sonrías como una estúpida en el autobús con los cascos puestos. Es amor.

Amor,
te digo esta palabra,
mil veces repetida,
acaso sin pensarla,
como una letanía.

 Amor,
te digo esta palabra,
que se me hace vacía
a fuerza de nombrarla,
no sé que significa.

 Amor,
¿por qué he de pronunciarla?
sintiendo esta agonía,
si no me dice nada,
la digo por rutina.

Amor,
qué enfebrecida magia
ardiendo en tus pupilas
 me arranca esa palabra
si ya no sé decirla.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Yo no lo escogí

Nunca quise que esto sucediera. No lo tenía planeado, y aunque así hubiera sido tan solo sería la constatación del hecho de que además de gilipollas soy masoquista. ¿Como iba a prever que me iba a enamorar de ti? Un rebelde sin causa con una niña bien... Nadie me cree cuando digo que te quiero como no he querido a otra persona, y sin embargo, se que es cierto. Lo se, y nadie conseguirá quitármelo de la cabeza.

No eres perfecto, no eres lo que mis padres quieren para mi, completamente cerrado al resto para no mostrar tu debilidad, para no plantearte el hecho de que quizá en algún momento necesites ayuda, para no admitir que tu también necesitas compañía, cariño, comprensión, confianza, respeto... Amor.

Recuerdo como nos conocimos. En un foro de rol. Si, un comienzo extraño. Tus ideas me sedujeron por completo, aquella distancia misteriosa a la que siempre te mantenías de mi, con aquel secretismo que rodeaba tu vida, con esa imagen de chico malo. Recuerdo también el momento en el que me di cuenta de que te quería. Era de noche, y te pedí que me dijeras una canción que te recordara a mi. Te hiciste el remolón, pero terminaste contestando con un enlace.


Y fue con esto, con su letra, cuando me di cuenta que opinaba lo mismo. How I wish, How I wish you were here... Y no donde solo puedo verte sonreír a través del ordenador, y oír tu voz de whisky y cigarrillos en mi teléfono móvil. Me gustaría muchas veces ser independiente, aunque fuera tan solo para poder verte en persona, abrazarte y no solo imaginar ese encuentro cada vez que mis ojos se cierran. Pero no es posible. Tú no me quieres y yo decidí tragarme mis sentimientos para poder mantener una amistad genial, pero que es igual que si le das medio vaso de agua a un hombre que lleva vagando días por el desierto. Le calma algo la sed, pero necesita, quiere, implora, ruega más.

Supongo que no hay justificación alguna con decir que yo no lo escogí, a pesar de ser cierto. Podría haber tratado de evitarlo, darme cuenta que la vida no es como una pelicula, aqui existen los corazones rotos sin remedio, como platos de cerámica que al suelo se caen por un descuido. Yo no escogí quererte... Y tú no me escogiste a mi.

lunes, 30 de julio de 2012

Larga vida al aburrimiento estival

Si, debo de ser una de las muchas personas que están deseando que el verano termine de una maldita vez ¿Porqué? Nada realmente alarmante, es solo que no soporto el calor y la sensación de no tener absolutamente nada más que hacer que cultivar mis incipientes flotadores. Podría decirse que prefiero estar agobiada con tropecientos mil trabajos, estudiar para los exámenes de la universidad, encargarme de terminar el nuevo traje de Batman y salvar al mundo de un apocalipsis zombie, que lo paso mejor de esa manera que no tirada en la cama mirando la pantalla del ordenador y recordando viejos éxitos de Mocedades, Camilo Sesto y El Fary.

Y por este fatal, total y apoteósico aburrimiento me ha dado la pedrada de ponerme a escribir un blog. Siempre me ha gustado escribir, de hecho he debido empezar con diecinueve años que tengo unas quince novelas como mínimo, todas ellas inacabadas a la espera de una inspiración que nunca llega. Eso si, la imaginación no me para, si alguien con un mínimo de constancia se metiera en mi cabecita os aseguro que saldrían guiones y guiones de películas, argumentos de libros, ideas para cuadros y unas cuantas excusas baratas y mentiras piadosas.

Me gustaría, también, advertir a los posibles lectores de este blog que soy una redomada exagerada; dura, durísima de palabra pero más romántica que la mezcla de Victoria Holt, Julie Garwood, Danielle Steel y Nora Roberts y con tendencia a la autocompasión; es decir, reflexiones y cosas deprimentes es probable que abunden en esta clase de vía de escape. Cabe aclarar que mi nombre de pila no es Loes Dalina, faltaría más, mis padres no son ni extranjeros ni tuvieron nunca la originalidad suficiente como para ponerme un nombre poco escuchado. Como consecuencia me busco alternativas, no porque no me guste mi nombre, si no porque le das una patada a una piedra y te salen cinco Lucías.

 En definitiva, larga vida al aburrimiento estival, que gracias a él estoy aquí.